Pensar en la música española de los años 90 es pensar en Celtas Cortos. La mítica banda que nació en Valladolid, concretamente en el Instituto Delicias, en 1984, gracias a un grupo de alumnos y un profesor que compartían intereses comunes por la música y ganas de divertirse.
Esto fue, precisamente, lo que les llevó a crear un “colectivo” que dos años después dio origen a Celtas Cortos.
Sus fundadores, Goyo Yeves, César Cuenca, Carlos Soto, Óscar García y el profesor Luis M. de Tejada, se entregaron a un proyecto que empezó en la calle y en los bares y que, aunque apuntaba maneras, nada hacía presagiar que con él llegarían a vender más de dos millones de discos a lo largo de toda su historia, a la que se han ido sumando nuevos componentes y yendo otros.
Tampoco que cuatro décadas después seguirían cosechando éxitos, conquistando a nuevas generaciones e incluso constituyéndose como un grupo referente, conocido por prácticamente todo el mundo, que ha logrado llevar su música a muchos rincones del planeta.
Sin embargo, esta es la realidad que vive actualmente Celtas Cortos, que en estos momentos está inmerso en una gira en la que se presenta ante sus fans acompañado de la orquesta sinfónica Virtuos Mediterráneo, con “un concepto más cerrado que hace que todo sea más compacto” y bajo el título de Solos ante el peligro.
Un nombre que hace alusión al momento que el grupo vive actualmente tras ponerse al frente del proceso completo de todos sus proyectos musicales, alejado de discográficas.
También al hecho de que este periplo esté llevando a sus integrantes por espacios “en los que estamos más expuestos”, tales como teatros o auditorios, y “en un contexto al que no estamos muy acostumbrados”.
Así lo ha explicado el propio Goyo Yeves, saxofonista, whistle y uno de los fundadores del grupo, en una entrevista con EL ESPAÑOL – Noticias de Castilla y León.
En ella ha confesado que esa es, precisamente, “la sensación que tenemos ahora”, pese a tratarse de algo “que hemos decidido nosotros y con lo que estamos muy a gusto”.
En esta gira la mítica banda está aprovechando, además, para presentar su último trabajo, El mundo al revés, un título que “tampoco es casualidad” y que tiene “mucho que ver” con el momento en el que, desde su punto de vista, vive la sociedad actual.
“La sensación que tenemos nosotros como ciudadanos, que llevamos ya unos cuantos años habitando este planeta, es un poco de distopía más que de haber conseguido logros para mejorar la igualdad y que todo sea un poco más justo. Entonces sí que vemos que este mundo está un poco del revés”, asegura el vallisoletano.
De hecho, le “parece mentira que no seamos capaces de enderezar” el mundo que vivimos ni encaminarlo hacia un lado “más humano, que piense más en nosotros y sobre todo que luche contra la desigualdad”. “Porque es una barbaridad”, añade.
En este sentido, confiesa que a él particularmente le “asusta el mundo que vamos a dejar a los que vienen detrás si no ponemos un poco de remedio”.
Pero la cosa no queda ahí. Según el músico, hay más canciones en este último disco “con ese carácter de lucha y solidaridad que busca un ser más humano”.
Larga vida al rock
Es de sobra conocido que las letras de Celtas Cortos van acompañadas, en su gran mayoría, de ciertos tintes de denuncia social. “Asuntos que como ciudadanos nos preocupan y que nos parece interesante darle voz”, explica el saxofonista.
Reconoce que esto es algo que forma parte de la música de Celtas Cortos “desde el principio”, que “nunca ha faltado” en sus discos” y que establece su manera de hacer canciones.
Sin embargo, es consciente de que esto les lleva a “estar en unas cuantas listas negras”, y más a día de hoy, cuando este tipo de cosas no están tan bien vistas como en la época.
Pero tampoco es algo que les esté “impidiendo” o “condicionando” para trabajar, pues, según afirma, “hemos tocado en ayuntamientos de todos los colores sin ningún problema”.
En cualquier caso, desde la banda sí echan en falta “más compromiso” con estos asuntos por parte de la industria musical, al considerarlo, junto al resto de expresiones artísticas, un altavoz para poder “denunciar muchas cosas”.
“Y la verdad es que en la música ahora mismo la gente que está haciendo este tipo de letras se cuenta con los dedos de una mano”, ha lamentado el vallisoletano, confesando, además, que es algo que él, particularmente, echa “mucho de menos”.
Tanto como “el apoyo de las radios comerciales nacionales a la música pop-rock”. Algo que considera que “se ha perdido casi al 90%”. “Y es una pena, porque hace que solo queden los directos y las plataformas digitales para poder escuchar rock and roll”, afirma.
Si bien, el músico se muestra confiado en que este género musical “seguirá de por vida”, al tratarse de “una música diferente” que sigue llegando a nuevas generaciones, como es el caso de su hijo.
Es cierto que cada vez cala menos, porque “bastante gente joven está ahora en una onda musical absolutamente diferente a la del rock y el pop”.
Pero también reconoce que cuando van a festivales, donde una buena parte de los asistentes son jóvenes, comprueban que el público sigue cantando con ellos, no una, sino varias de sus canciones. Una situación que define como “curiosa” y que, personalmente, le sorprende mucho.
Cree que esto también puede estar relacionado con el hecho de que 20 de abril, uno de sus temas más míticos, se convirtiese en una de las bandas sonoras de la pandemia tras hacer una nueva versión junto a otros artistas para recaudar fondos para Médicos sin fronteras.
Una colaboración que dio la vuelta al país, colándose así en prácticamente todos los hogares.
“Lo importante es que se siga escuchando porque creo que el rock no puede desaparecer nunca”, sostiene.
Un traba más contra la que tienen que luchar, tal y como han venido haciendo a lo largo de toda su carrera. Porque la suya, tampoco ha sido una historia idílica y perfecta, sino que también han pasado por momentos complicados.
Su etapa “más nublosa”
Yeves señala la marcha de Jesús Cifuentes del grupo en 2002 como “el más complicado”.
“Decidió dejarlo por descanso y otros planes personales en un momento en el que el resto del grupo estábamos con muchas ganas de seguir. Pero nosotros teníamos razones de peso para continuar, así que buscamos otro cantante”.
“Esa etapa duró tres años y es verdad que sobre todo mediáticamente perdimos mucho, porque todo el mundo era consciente de que era diferente, aunque aun así hicimos 150 conciertos y un disco”, señala.
“Fue una etapa diferente, difícil y la más nublosa, porque al no haber una demanda tan fuerte, no veíamos un horizonte claro, pero también fue muy importante para luego, en 2006, empezar una nueva etapa a tope con la vuelta de Jesús. Si lo hubiésemos dejado todos, lo más seguro es que no hubiésemos seguido”, añade.
Sin embargo, tanto de esto, como de otras tantas cosas, han sabido recomponerse y salir adelante, apostando por su pasión, siendo su “amor por la música y las ganas de seguir haciendo canciones” lo que más les ha motivado para continuar al pie del cañón.
A ello se suma, además, “el feedback del público, porque nos da una gasolina que no podemos desperdiciar”. “Es una pasada y Celtas Cortos no tendría sentido sin el directo. Lo importante es estar en los escenarios, eso no nos puede faltar”, reconoce.
Y así es como ahora cumplen cuatro décadas en las que han vivido “muchas cosas” tras partir de “un desconocimiento absoluto del negocio”, pero en las que todo “ha salido muy bien desde el principio”.
“Preparando una gorda”
40 años en los que el balance es muy positivo, en los que se han visto obligados a “asimilar todos los cambios que ha habido”, de los que señalan la década de los 90 como su época “más gloriosa, loca e impactante” y a los que piensan sumar muchas aventuras más.
Porque por ellos ni siquiera asoma la idea de retirada. De hecho, “no se ha planteado nunca”, pues la edad no les pesa, aunque sí la notan.
“Sentimos la necesidad de seguir ahí. Nos consideramos corredores de fondo porque tenemos esa sensación de que estamos entrenados para viajar, estar en la carretera y subirnos al escenario, y es que no podemos parar. No sé si es que no sabemos hacer otra cosa, pero mientras el cuerpo aguante, habrá Celtas para rato”, asegura Yeves.
Llegados a este punto, cualquiera podría pensar que son pocas las cosas que le quedan por hacer y los sueños por cumplir a Celtas Cortos. Pero nada más lejos de la realidad.
Goyo asegura que “aunque parece que hemos hecho de todo, se nos van ocurriendo cosas nuevas”, por lo que recomienda a la gente que “no se despiste, porque algo nuevo surgirá y llamará la atención de todos”.
De momento, “estamos preparando una gorda a nivel eléctrico para el año que viene”. “Volveremos a nuestro formato en ciudades importantes”, revela.
En cualquier caso, es bien sabido que canciones como 20 de abril, Cuéntame un cuento o Retales de una vida, entre otras, seguirán sonando hasta la eternidad. Porque Celtas Cortos hace tiempo que pasó a ser icono de la música española con temas que han quedado grabados “en la memoria de todo el mundo”.
Fuente: El Español